El Sistema Globalmente Armonizado de Clasificación y Etiquetado de Productos Químicos (SGA por su acrónimo en español), es básicamente un enfoque lógico y completo que permite clasificar las sustancias y productos químicos, de acuerdo con los peligros físicos, para la salud y para el medio ambiente, que estos puedan entrañar y brinda herramientas para transmitir la información sobre dichos peligros, así como las medidas de protección, en las etiquetas y fichas de datos de seguridad (FDS). Lo anterior con el propósito de facilitar el uso de las sustancias y productos químicos, minimizando los riesgos.

El propósito de contar con un sistema armonizado a nivel mundial, surge como uno de los objetivos planteados en la cumbre de la tierra de Rio de Janeiro en año 1992, dadas las dificultades observadas hasta entonces, en la gestión de los riesgos de las sustancias y los productos químicos, debido a la diversidad de sistemas desarrollados y empleados en diversos ámbitos, para la clasificación y el etiquetado.

En el Capítulo 19 de la Agenda 21, aprobada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, quedó planteado que “Para el año 2000 debería disponerse, dentro de lo posible, de un sistema de clasificación y etiquetado armonizado mundialmente, que contenga hojas de datos sobre la seguridad de distintos productos químicos y símbolos de fácil comprensión”.

Luego de diez años de una labor técnica intensiva para acordar los criterios armonizados, por parte de expertos de las Naciones Unidas, la Organización Internacional del Trabajo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico – OCDE y varios gobiernos, en el año 2002 fue adoptada la primera edición del Sistema Globalmente Armonizado de Clasificación y Etiquetado de Productos Químicos, la cual sirvió como base para el inicio de la implementación paulatina de dicho sistema a nivel mundial.

El SGA no está concebido como un reglamento o una norma, sino más bien como una serie de recomendaciones estructuradas en forma modular, de tal manera que las autoridades regulatorias de cada país, puedan incorporar sus elementos con cierta flexibilidad, de acuerdo con las necesidades locales particulares y la estructura propia de cada legislación.