La  gestión  de  los  desechos  peligrosos  ha  estado  presente  en  la agenda  ambiental  internacional  a  partir  de  comienzos  del  decenio  de 1980, cuando se la incluyó como una las tres esferas prioritarias del primer Programa  de  Montevideo  sobre  Derecho  Ambiental,  del  Programa  de  las Naciones Unidas para el MedioAmbiente (PNUMA), en 1981. El Convenio de  Basilea  sobre  el  control  de  los  movimientos  transfronterizos  de desechos peligrosos y su eliminación fue aprobado el 22 de marzo de 1989 por  la  Conferencia  de  Plenipotenciarios  en  Basilea  (Suiza)  en  respuesta  a una clamorosa protesta tras el descubrimiento, en el decenio de 1980, en África  y  otras  partes  del  mundo  en  desarrollo,  de  depósitos  de  desechos tóxicos importados del extranjero. El Convenio entró en vigor el 5 de mayo de 1992 y, al 1 de enero de 2011, había 175 Partes en el Convenio.

Colombia aprueba el Convenio mediante la Ley 253 de 1996 y reafirmó su compromiso con la gestión ambientalmente racional de los productos químicos al acoger la décima reunión de la Conferencia de las Partes (COP10) de la Convención de Basilea sobre el Control de los Movimientos Transfronterizos de los Desechos Peligrosos y su Eliminación la cual se llevó a cabo del 17 al 21 octubre de 2011, en ​​Cartagena, Colombia. Más de 700 participantes, representantes de los gobiernos, los organismos de las Naciones Unidas, las organizaciones intergubernamentales y las organizaciones no gubernamentales asistieron a la reunión.

Durante la Conferencia de las Partes (COP10), los representantes de las 118 Partes del Convenio de Basilea, alcanzaron un acuerdo histórico al desbloquear una enmienda que prohibirá la exportación de desechos peligrosos de países miembros de la OCDE a países no OCDE conocida como la Enmienda de Prohibición.  La Conferencia de las Partes (COP10), ha sido denominada como "el milagro de Cartagena"  gracias entre otras cosas a la adopción la Declaración de Cartagena sobre la prevención, minimización y recuperación de desechos peligrosos y otros desechos.

El objetivo primordial del Convenio de Basilea es proteger la salud de las personas y el medio ambiente frente a los efectos perjudiciales de los desechos peligrosos. Su ámbito de aplicación abarca una amplia variedad de  desechos  definidos  como  “desechos  peligrosos”  sobre  la  base  de  su origen  o  composición,  o  ambas  cosas,  y  sus  características  (artículo  1  y anexos I , III , VIII  y IX), así como dos tipos de desechos definidos como “otros desechos”  (desechos  domésticos  y  cenizas  de  incineradores;  artículo  1  y anexo  II).  Las  disposiciones  del  Convenio  giran  en  torno  a  los  principales objetivos  siguientes: 

  1. la  disminución  de  la  generación  de  desechos peligrosos  y  la  promoción  de  la  gestión  ambientalmente  racional  de  los desechos  peligrosos,  dondequiera  que  se  realice  su  eliminación; 
  2. la restricción  de  los  movimientos  transfronterizos  de  desechos  peligrosos, salvo  en  los  casos  en  que  se  estima  que  se  ajusta  a  los  principios  de  la gestión ambientalmente racional; y
  3. un sistema reglamentario aplicable a casos en que los movimientos transfronterizos son permisibles.